Un mal desarrollo cuesta más que un no-go temprano
- 4 ene
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En el discurso creativo se habla mucho de talento, visión y pasión. En la práctica industrial, sin embargo, los proyectos no se caen por falta de ideas, sino por mala gestión del riesgo en fases tempranas.
El desarrollo es, esencialmente, una herramienta financiera. No creativa.
El verdadero coste del mal desarrollo
Un proyecto que avanza sin una base sólida genera una ilusión peligrosa: la de progreso. Hay reuniones, versiones, documentos, movimientos. Pero no necesariamente decisiones correctas.
Ese “movimiento” tiene un coste real:
horas de profesionales senior
dinero invertido en materiales que no se usarán
desgaste de relaciones profesionales
pérdida de foco estratégico
A esto se suma un factor crítico: el coste hundido. Cuanto más se invierte en un proyecto mal planteado, más difícil resulta cancelarlo, incluso cuando los indicadores ya son negativos.
El no-go temprano como decisión rentable
Decidir no avanzar a tiempo no es un fracaso. Es una forma de protección del capital.
Un no-go temprano:
libera recursos
preserva relaciones
permite redirigir energía a proyectos con mejor perfil de riesgo
Sin embargo, culturalmente sigue viéndose como una derrota creativa, cuando en realidad es una decisión de gestión.
Desarrollo no es escribir más, es decidir mejor
El error más común es confundir desarrollo con producción de material: más páginas, más versiones, más documentos.
El desarrollo efectivo hace lo contrario:
reduce opciones
elimina caminos inviables
fuerza decisiones incómodas cuanto antes
No busca salvar todas las ideas. Busca identificar cuáles no deben salvarse.
Conclusión
En un entorno donde los márgenes son ajustados y el riesgo es alto, el desarrollo no debería evaluarse por lo que crea, sino por lo que evita.
Porque, al final, un mal desarrollo no cuesta talento. Cuesta dinero. Y suele costarlo cuando ya es demasiado tarde para recuperarlo.




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