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La mayoría de opciones audiovisuales no protegen al autor


Existe una idea muy extendida entre escritores: “Si una productora se interesa por mi novela, es una oportunidad que no puedo dejar pasar.”


Ese pensamiento es el origen de muchos contratos basura.

La opción audiovisual nació como una herramienta de trabajo. Hoy, en muchos casos, se utiliza como un bloqueo barato de IP.


Opciones que no obligan a desarrollar. Plazos largos sin hitos claros. Pagos simbólicos. Derechos congelados.

No es una estafa. Es un mal acuerdo.


El problema es que muchos autores no tienen criterio industrial para distinguir una oportunidad real de un simple “por si acaso”.

Antes de firmar, la pregunta no es: “¿Y si digo que no y pierdo la oportunidad?”


La pregunta correcta es: “¿Qué pasa con mi obra si digo que sí?”

 
 
 

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